Emilia Lanzas

José Hierro: “La poesía no es un remedio, pero tiene la fuerza suficiente para consolar”

Posted on Actualizado enn

Última entrevista
El poeta José Hierro.

En febrero de 2001 entrevisté a José Hierro. Unos meses después su cuerpo descansaba. ¿Teme a la muerte?, le pregunté. Y él, con su rostro cercano y la sencillez de los grandes, me contestó: “La muerte es sólo el final. Temo más a la agonía, a morirme lentamente”.

Morirán los que nunca jamás sorprendieron. Aquel que ha sentido una vez en sus manos temblar la alegría no podrá morir nunca.

Desde 1947, año en el que publicó su primer libro Tierra sin nosotros y ganó el Premio Adonáis con Alegría, hasta su última obra, Cuaderno de Nueva York (1998), José Hierro llenó más de medio siglo de excelente poesía con su verso pleno de ritmo y profundidad conceptual, de dolor y canto a la vida; de expresión poética deliberadamente sencilla, apenas imágenes, caracterizada por la dolorosa conciencia de la transitoriedad.

En su libro Música publicado al concederle el Premio Cervantes, en 1998, antología de poemas suyos con referencias temáticas a ese otro arte tan ligado a la poesía; usted dice en el prólogo que “la poesía aspira a ser todas las artes en una, en ella”.

La poesía no es ni mejor ni peor que las demás artes es, simplemente, lo que puede ser, aunque el artista siempre ansía el arte total; en él convive la necesidad de integración, la búsqueda de una entidad suprema. Lo que sí es cierto, es que la poesía toma de la música el ritmo, la musicalidad de las palabras; el color de la pintura; de la arquitectura, la estructura; de la escultura, el volumen. Es la gran vampira que se alimenta de sangre ajena.

Ha sido miembro del jurado del último Premio Cervantes concedido a Francisco Umbral. Se ha hablado de corrupción, del triunfo del amiguismo… ¿Qué opinión le merece esta polémica?

Corrupción, ¡qué coño!, ¿quién iba a corromper?, ¿quién iba a presionar para que se le concediese el premio a un escritor u otro?, ¿quién iba a ganar con ello? Se han querido colocar dos grupos de presión, por un lado El País y por otro EL Mundo, cada uno con sus respectivos aliados. Y ha debido ganar el último, ya que Umbral es colaborador de ese diario; quien, además, ha alimentado la polémica queriendo ver en el premio el triunfo de lo moderno frente a lo añejo; pero ya se sabe que a Umbral le gusta mucho provocar.

Yo he votado honestamente, no por amistad, ni por presión alguna, sino simplemente porque considero la obra de un autor más merecedora de un premio que otra. La gente se inventa lo que le da la gana, como cuando en época de Franco todo era debido a la conjura judeo-masónica. Ahora también se quiere atribuir cualquier hecho a una especie de conjura mediática pero, ¿por parte de quién?: ¿de un grupo de presión?, ¿de un grupo económico?, ¿del propio Gobierno? Yo no lo sé y sólo puedo afirmar que toda esta polémica me parece una mamonada y que a mí nadie me ha mandado un jamón para comprarme el voto.

¿Ser poeta es una profesión?

Ser poeta es, como mucho, un oficio con el que no se gana dinero suficiente o, al menos, no para vivir dignamente. El ser novelista sí es una profesión. En cambio, no hay poeta que pueda vivir sólo de la poesía, ni Neruda pudo hacerlo. Esto es lo que te permite, precisamente, ser honesto, porque no contraes ningún tipo de compromiso ni con las editoriales ni con el público. No tienes que precipitarte, es un trabajo lento, íntimo, particular. El ser poeta no es rentable; pero es una vocación. Uno escribe para ser axiomático, porque la poesía te permite decir lo que no se podría comunicar de otra manera. Yo no sé qué es poesía, ¡esa cosa tan extraña!, ¡tan compleja!, pero sí sé que sirve; de lo contrario habría sentimientos e ideas inexpresables.

Consuela al hombre del dolor y del inexorable paso del tiempo…

Sobre todo, acompaña. La poesía no es un remedio, pero tiene la fuerza suficiente para consolar. La poesía comunica aquello que no se puede decir de forma lógica; por eso llega directamente. Ahí está la razón de su existencia y, también por eso, el verso es más difícil de crear que la prosa.

¿Sigue pensando que el único valor perdurable de su poesía es su significado documental?

Sí, mi poesía es, básicamente, testimonio. Aunque la poesía sea, en verdad, una ficción del lenguaje cotidiano. El artificio existe y parte siempre de una convicción. La poesía debe poseer más, necesita de una elaboración. A pesar de que cuenta una experiencia cotidiana, un sentimiento común, el verso posee sonido y ritmo. En la poesía es fundamental el cómo, porque el qué ya está contado mil veces. A no ser que ahora los jóvenes poetas escriban sobre el genoma o internet, por poner dos ejemplos.

Hablando de jóvenes, existe una tendencia en las nuevas generaciones de poetas por recuperar las formas clásicas, la rima.

El verso rimado y el verso blanco siempre han convivido con el libre. Los novísimos, que supusieron una ruptura con el realismo, fueron más vanguardistas pero existieron paralelamente con otras generaciones que continuaron elaborando las formas clásicas. Siempre han convivido las dos formas de hacer poesía: la tradicional y la libre, en un cincuenta por ciento.

¿Cómo se debería enseñar la poesía?

Lo peor que se puede hacer en las aulas es explicarla sin haberla leído. Eso me hace recordar a dos personajes de La Codorniz, que protagonizaban una tira cómica; uno contaba un chiste, y el otro se lo explicaba. Hay que leer la poesía o, mejor dicho, hay que oírla, eso es lo principal. Las explicaciones sobre las características del verso o la vida del autor son secundarias. Además, ¿qué quiere decir, por ejemplo: Verde, que te quiero, verde? A uno le gusta, le llega, pero, en verdad, no se alcanza a comprender su significado.

Lleva tres años sin publicar, ¿por qué?

Estoy cansado. También puede ser que no se me ocurra nada… Ni siquiera he sido capaz de terminar mi discurso de ingreso en la Academia. No es problema de inspiración, porque la inspiración es sólo el principio, es como el hambre que te lleva a buscar algo para comer, luego comienza la comida, el trabajo, de él sale el verso.

Anuncios

El síndrome del pez

Minientrada Posted on Actualizado enn

Editorial Gens
Portada del síndrome del pez.
En la librería Tres Rosas Amarillas
Presentación de El síndrome del pez.
Los relatos que componen El síndrome del pez,  publicado en Gens Ediciones, pretenden romper la disociación entre lo real y lo imaginario, lo racional y lo instintivo. Es una literatura que desea la transformación, la rebeldía ante lo impuesto. Un enfoque subversivo y vital.
Su lenguaje reutiliza las palabras para devolverles su valor emocional, fuera del discurso lógico. Un lenguaje lleno de imágenes involuntarias. En estos relatos es mayor lo insinuado que lo dicho, lo percibido que lo expuesto. Fuera del imperio de lo racional prevalece el sentimiento . Es un libro que apuesta por el sentido poético de la vida.
O como dice Eduardo García en el prólogo:
«Si para echar abajo el ladrillo, las máscaras, todo lo que nos separa de nosotros mismos, enturbiando los guiños, las señales, cuanto podría salvarnos otra vez, habría que aprestarse a pronunciar algún conjuro. Si recorrimos sin pausa los vastos anaqueles, siempre en busca de esas pocas palabras, tan humildes, livianas, esenciales. Esas pocas palabras que muy de vez en cuando se disponen, como por arte de magia, en una combinación inesperada, entrelazándose así, feroces, puras, despertándonos un pellizco en el estómago, un tenue escalofrío».
Presentación de Inés Mendoza y Eduardo García.
Presentación de Inés Mendoza y Eduardo García.

El-Síndrome-del-Pez

Emilia Lanzas, autora de El síndrome del pez, en la presentación.
Emilia Lanzas, autora de El síndrome del pez, en la presentación.

“El mito de la máquina. El pentágono del poder”

Minientrada Posted on Actualizado enn

Lewis Mumford, autor de El mito de la máquina.
Lewis Mumford, autor de El mito de la máquina.

Si en la primera parte, Técnica y evolución humana, Lewis Mumford escribe un tratado que desmitifica el peso que la tecnología ha tenido en la evolución humana para resaltar lo auténticamente importante: el desarrollo de   la mente; en este segundo volumen, el autor reflexiona sobre la amenaza que suponen las grandes conquistas tecnológicas. Para Mumford, la mecanización desenfrenada contiene la terrible contrapartida de la mutilación constante de   la vida. Mumford realiza un estudio con un detallado recorrido histórico que abarca, además, el pensamiento y las aportaciones de los principales pensadores (Galileo, Descartes, Thomas Hobbes, Francis Bacon, Marx, McLuhan…)   en cuanto a lo que supone el avance científico y técnico. Para el autor, el entorno desnaturalizado y deshumanizado que hoy padecemos se inició en la llamada Era de las Exploraciones que comenzó a finales del siglo XV.“Lo realmente novedoso para el hombre occidental era la   estimulante sensación de que, por primera vez, todas las regiones del planeta le eran accesibles…”.

La imagen mecánica del mundo.
La imagen mecánica del mundo.

La imagen mecánica del mundo

Y así fue como a partir de entonces el mundo natural y los símbolos de la cultura humana fueron paulatinamente reemplazados y adaptados a la medida de la máquina. A una concepción fría y calculada, medible, del nuevo dios Sol a quien casi nadie parece cuestionar. Renegar hoy día del avance tecnológico y científico es un terrible anatema, sin embargo cuánto se perdió y cuánto se  perderá por culpa de este enaltecimiento de la imagen mecánica del mundo (qué fue de la vida en plenitud, de la comunión con la naturaleza, de lo inmenso que supone ser persona, de nuestra dignidad, del valor de lo variable y de lo subjetivo, de la rebelión, del trabajo artesano y libre…).

Para la filosofía de la máquina todo debe ser observable, controlable y objetivo, lo cual entra en franca contradicción con el ser portador de una riqueza plena de sueños, impulsos, ideas:

“…el mundo accesible a la experiencia humana no puede ser ni descrito ni entendido racionalmente. Cuando nuestra época aprenda esta lección, habrá dado el   primer paso dirigido a hacer apto para un uso humano el yermo electrificado y mecánico que en la actualidad está construyéndose a costa del hombre y en prejuicio   permanente suyo y en beneficio de la megamáquina”.

El pentágono del poder.
El pentágono del poder.

La mecanización toma el mando

Las hazañas tecnológicas avanzan al mismo ritmo que nuestra vida se va coartando. La propia existencia, que está muy por encima del pensamiento, va impregnándose de cuanta deshumanización, injusticia y crueldad el pentágono del poder va expandiendo.

Para Lewis Mumford la automatización exige la pérdida de los grandes valores humanos, la exclusión de la subjetividad, la anulación de cualquier alternativa, la negación de la autonomía. El sistema infradimensionado requiere infrahombres:

“Lo que se extiende por todo nuestro entorno no son solo máquinas, sino un orden y un régimen mecánicos”.

Y eso no solo se extiende al mundo del trabajo sino también, y principalmente, a nuestra cotidianeidad.

La ciencia y la tecnología están al servicio del poder, tanto económico como político y militar. Creer en su inocencia, es el primer absurdo que debemos cuestionarnos.

“Lo que más me interesa tratar no son tanto los abusos como las supuestas ventajas para el hombre; eso que la mayor parte de la gente sigue creyendo que son avances indiscutibles y beneficios sociales”.

Personas pasivas, seres autómatas

Mumford no está en contra ni del progreso ni de la ciencia, ni de todo el bienestar que estos han podido aportar al ser humano. Él solo alerta de que este avance debe realizarse a nuestra medida, y no al contrario. Por ello   considera imprescindible parar la devastación del medio ambiente y la primacía que la máquina está adquiriendo sobre los humanos, relegándonos a un segundo plano.

El autor avisa sobre la pasividad que esta esclavitud está generando en las personas. El hombre occidental se adiestra a sí mismo para asemejarse al funcionamiento programado y, contrariamente, como apunta el autor.:

“… Esta   deshumanización del obrero vivo se vio complementada, paradójicamente, por la progresiva hominización de la máquina; hominización en el sentido de dotar al   autómata de algunos sucedáneos mecánicos de movimiento e intención, en un proceso   que en nuestra época se ha consumado de una forma pasmosa”.

Mumford nos pide que reaccionemos, que paremos el nuevo Leviatán, el imperio de la megamáquinamegatécnica que el Poder quiere imponernos Porque no solo se nos está relegando a una situación de esclavitud, si el avance de la mecanización continúa de la misma forma desorbitada, dentro de poco seremos, simplemente, inútiles, totalmente prescindibles. La antivida se acabará imponiendo.

Personas pasivas, seres autómatas.
Personas pasivas, seres autómatas.

Joyce Mansour: Gritos, desgarraduras y rapaces

Minientrada Posted on Actualizado enn

La poeta Joyce Mansour.
La poeta Joyce Mansour.

Joyce Mansour vivió la gran época del surrealismo en Francia y su adhesión a él, y también su amistad con Breton y Georges Henein, supusieron la salvación para una mujer predestinada a una existencia insustancialmente burguesa. Este libro –una gran oportunidad para conocer en profundidad su obra- reúne Gritos, primer poemario de Mansour aparecido en París en 1953, Desgarraduras, de 1955, y Rapaces, de 1960, cohesionados los tres por su “función exorcisante”, como apunta Eugenio Castro en el epílogo, “pues arroja afuera lo que en forma de tormentos la asedian”.

Este carácter biográfico y terapéutico, metamórfico, conforma versos de una sinceridad violenta y subversiva.

He buscado tu nombre en las bocas de los moribundos

Te he besado a pesar de mis dientes postizos

Te he acariciado los senos marcados por la angustia

Cierva a rayas de llameantes ojos

Mujer maldita con pies de jade

Mi sexo te persigue a la sombra de una ola

Indiferente a los años que declinan

Sin dejar nunca

De gritar.

Joyce Mansour y André Breton.
Joyce Mansour y André Breton.

Con toda la fuerza de la negación, la poesía de Mansour hiere, no da tregua. Un lirismo incontrolable y terrible. Inesperado. Porque como afirmó Carrouges: “Únicamente lo inusual puede producir un efecto poético”. El cuerpo, tan presente, se disgrega en partes: cabeza, ojos, cuello, piel, boca, tripas, dedos, pecho, vientre… Con una lengua en cada ojo y una pierna en los hombros… Los paralelismos que ondulan el espanto: …Y camina por la sombra de la sombra de la sombra/De la sombra…La falta total de puntuación desboca el sentimiento sólo medido por los márgenes en blanco que actúan como fugaces silencios. Las increíbles imágenes reiteran lo que Bataille dijo hablando de Sade: “… que el impulso del amor, llevado hasta el extremo, es un impulso de muerte”. Este erotismo del desgarro se une en Mansour con una sutil indagación romántica en lo oscuro y animal. Pero también con un humor cetrino y lívido:

Suena el teléfono

Y responde tu sexo.

Su ronca voz de cantante

Sacude mi tedio

Y el huevo duro que es mi corazón

Se fríe.

Francisco Fernández Buey “Cada día oigo a más jóvenes usar el término utopía”

Minientrada Posted on Actualizado enn

Francisco Fernández Buey
Francisco Fernández Buey

La utopía como un ideal regulador, como una hipótesis de trabajo, como una ilusión natural. Un mundo futuro en el que la persona sea el centro de todas las cosas, sin clases, sin poder, sin propiedad, sin explotación: estas fueron las tesis estudiadas en el último libro de Francisco Fernández Buey  –filósofo, luchador comunista y profesor-  fallecido en agosto de 2012. Sirva esta entrevista realizada a raíz de la publicación de su libro Utopías e ilusiones naturales, un profundo estudio histórico y reflexivo sobre el devenir de las utopías, como homenaje al gran pensador.

La utopía como aspiración y búsqueda, aunque siempre ha estado presente, ha irrumpido con fuerza renovada. ¿Cuáles son los motivos principales de este resurgimiento?

El renacer de la utopía se puede fechar. Se viene produciendo desde el inicio de la década actual. Y los motivos de este renacimiento son básicamente tres: la agudización del malestar que ha producido en todo el mundo el capitalismo salvaje, eso que se suele llamar globalización neoliberal; la comprobación de que el mundo que ha salido de ahí (el mundo de la guerra y del expolio permanente, de la crisis ecológica global y del aumento de las desigualdades) es un escándalo moral; y la sensación de que otro mundo es posible, de que pensando y luchando con los oprimidos y humillados puede haber alternativas.

Se ha pretendido vender una cierta ‘utopía’ capitalista con aspiraciones como el Estado del bienestar. La crisis que vive el sistema ¿ha podido contribuir también a este renacimiento utópico?

Sin duda. El Estado del bienestar es una utopía capitalista que resultó negativa en cuanto se empezó a pensar ese Estado globalmente. Para la mayoría de la población mundial lo que los ideólogos llaman Estado del bienestar es, en realidad, un estado generalizado de malestar. El Estado del bienestar generalizado es una imposibilidad material bajo el capitalismo, por razones económicas, sociales, ecológicas y culturales. Sólo con un cambio radical del modo de vida, producción y consumo actualmente dominante se podría hablar con propiedad de un Estado del bienestar.

La utopía está en marcha, pero ¿dónde con más fuerza: en los movimientos altermundialistas?, ¿en los actos de desobediencia civil?

Hay quienes piensan que el espíritu de la utopía ha quedado reducido a la dimensión estética, a la literatura y a las manifestaciones artísticas. Yo no lo creo así. Las nuevas utopías surgidas en estos últimos años siguen teniendo una dimensión económico-social muy patente. Eso se ve en la utopía ecológico-social del decrecimiento, en las utopías feministas que combinan igualdad y diferencia y en las utopías que se basan en un uso radicalmente alternativo de los medios. Y, sí, los movimientos altermundialistas, desde Chiapas y Porto Alegre, han dado un impulso decisivo a la utopía actual. La desobediencia civil viene a ser la estrategia principal de la utopía en marcha. La desobediencia, consciente y libre, es lo que hace ‘civil’ a una sociedad acogotada por el poder desnudo.

Libro Utopías de Francisco Fernández Buey.
Libro Utopías de Francisco Fernández Buey.

La utopía deja de ser idea para convertirse no solo en posible, sino en inevitable con el marxismo. ¿Es ésta su gran aportación?

Lo que los clásicos del marxismo creyeron ver es que había llegado la hora de hacer realizables las ilusiones emancipadoras de los de abajo. Por eso dijeron que la tarea del socialismo era pasar de la utopía a la ciencia. Tenían una confianza ilimitada en la ciencia. Y eso acabó en cientificismo. Pero el cientificismo es la negación de la tensión moral que siempre acompaña al espíritu utópico. La ciencia ayuda a construir un mundo mejor, pero no lo es todo. En el mundo de los humanos hay muy pocas cosas inevitables (entre ellas, la muerte). Así que el marxismo, que ha hecho mucho por pasar de lo posible a lo realizable, también necesita autocontención en esas cosas. Parafraseando a Marx se podría decir que, para hacer posible ese otro mundo, se necesita tanta ciencia como compasión (por los oprimidos y excluidos, naturalmente).

La sociedad sin Estado parece ser el fin primordial de las utopías, por el contrario, el total sometimiento del individuo a él, el fondo de toda distopía…

No todos los utopistas modernos han pensando en una sociedad sin Estado, aunque sí la mayoría. La paradoja de la historia del último siglo es que aspirando a una sociedad sin Estado se han construido Estados que han acabado destruyendo lo que de civilidad había en la sociedad. Eso lo han visto muy bien los distópicos del siglo XX. Habría que aprender esa lección. También la utopía ha perdido la inocencia con la que nació en Europa en la época moderna. Vuelvo a lo de la autocontención: más que propugnar una sociedad sin Estado, la utopía concreta del siglo XXI debería pensar en fabricar los bozales necesarios para contener a la bestia, sea ésta Leviatán o Behemoth.

Intentar predecir lo que será el mundo utópico ha sido una traba para conseguir su logro. Como indicas en tu el detalle acerca de qué ha de ser la sociedad del futuro es precisamente el rasgo característico de la ¿Bastaría con saber lo que no tendría cabida?

Mala utopía es aquella que propugna imposibilidades materiales para la condición humana, y encima las detalla. Pero no basta con intentar saber lo que, por razones materiales, no tendrá cabida en el mundo del futuro. Podemos, sí, esbozar o pergeñar los principios jurídicos más generales de la sociedad alternativa a la que aspiramos. Y eso, creo, es lo que se intenta hacer ahora en el seno de los movimientos altermundialistas.

CIENCIA FICCIÓN Y UTOPÍA

Es muy interesante el estudio que haces de la literatura de ciencia ficción como importante difusora del mundo utópico, además de filósofos e ideólogos…

Pues lo agradezco mucho, porque lo he pasado muy bien leyendo libros de ciencia ficción y escribiendo sobre eso. Corre por ahí la idea de que la literatura de ciencia ficción es literatura de segundo orden. Es, además, muy corriente el tópico de que los autores de ciencia ficción han sido mayormente distópicos y antisocialistas, lo cual es inexacto. Para abordar ese capítulo hay que adoptar un punto de vista transversal, pues hay más filosofías en el mundo de las que caben en la cabeza del filósofo licenciado, y algunas de ellas, y buenas, porque no eran sólo literatos sino también pensadores, se las debemos a autores como Aldous Huxley, Arno Schmidt, Stanisnlaw Lem o Úrsula K. Le Guin.